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Gobierno de Trump pondrá fin al TPS para nicaragüenses y hondureños



El gobierno de Estados Unidos ha anunciado la terminación del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) para ciudadanos de Nicaragua y Honduras, una medida que entrará en vigor el próximo 6 de septiembre de 2025. Esta decisión afectará directamente a más de 75,000 personas que han residido legalmente en territorio estadounidense durante años bajo este programa humanitario.

El TPS es una figura legal creada para otorgar residencia temporal a ciudadanos de países que enfrentan condiciones extraordinarias, como desastres naturales, conflictos armados o crisis humanitarias, que les impiden regresar de manera segura a su lugar de origen. En el caso de Nicaragua y Honduras, este beneficio fue otorgado hace más de dos décadas, tras el paso devastador del huracán Mitch en 1998.

Las instituciones gubernamentales de Estados Unidos defienden la conclusión del TPS al afirmar que las circunstancias que provocaron su instauración ya no existen. Según la postura oficial, los dos países han alcanzado un progreso considerable en términos de reconstrucción y estabilidad, lo cual facilitaría el regreso seguro de sus ciudadanos. La gestión asegura que el esquema ha permanecido activo excesivamente sin ofrecer una solución definitiva en materia de migración para los beneficiarios.

No obstante, distintos grupos del ámbito social, humanitario y legislativo han expresado su oposición a la decisión, argumentando que la mayoría de los involucrados han establecido una vida satisfactoria en Estados Unidos, con trabajos duraderos, familias integradas y una conexión sólida con sus comunidades. Una gran cantidad de ellos ha vivido legalmente en el país durante más de dos décadas, cumplen con sus obligaciones fiscales, aportan al sistema económico y tienen hijos nacidos en suelo estadounidense.

Defensores de derechos migratorios advierten que esta decisión tendrá consecuencias humanas y económicas considerables. En primer lugar, miles de familias se verán obligadas a elegir entre separarse o regresar en conjunto a países donde muchos de los beneficiarios ya no tienen vínculos familiares o laborales. En segundo lugar, se prevé que sectores productivos como la agricultura, la construcción y los servicios —que dependen en gran medida de la mano de obra migrante— podrían experimentar una escasez crítica de personal.

Desde el ámbito político, legisladores de distintos partidos han solicitado que se otorgue una extensión al programa o que se aprueben medidas legales que permitan a los beneficiarios aplicar a una residencia permanente. Para algunos analistas, esta coyuntura representa un nuevo capítulo en el debate migratorio estadounidense, especialmente en un contexto electoral donde el enfoque restrictivo ha cobrado mayor peso.

El fin del TPS para ciudadanos de Nicaragua y Honduras se agrega a una sucesión de decisiones parecidas tomadas hace poco, que asimismo han impactado a personas de otros países acogidos a este estatus, como Venezuela, El Salvador y Haití. El gobierno ha justificado estas medidas con la postura de que el TPS no debería emplearse como un medio migratorio indefinido, sino como un respiro provisional frente a situaciones excepcionales.

Mientras tanto, organizaciones civiles se preparan para interponer recursos legales que frenen la ejecución de la medida, al considerar que podría violar principios de proporcionalidad y derechos fundamentales, especialmente en el caso de personas con arraigo prolongado en el país. Por su parte, representantes consulares de Nicaragua y Honduras han expresado su preocupación por el impacto social que podría tener el regreso forzado de miles de personas a contextos todavía marcados por la desigualdad, la inseguridad y la falta de oportunidades.

Con el tiempo avanzando hacia la fecha final, las personas beneficiarias del TPS se encuentran en una situación incierta. Numerosos individuos están buscando consejo legal, verificando sus alternativas migratorias o preparándose para permanecer en un contexto donde el fortalecimiento de las políticas migratorias se ha vuelto habitual. La opción de un alivio legislativo o judicial sigue existiendo, pero por el momento, la incertidumbre define la realidad de miles de familias que, después de décadas de estancia legal, enfrentan el riesgo de perderlo todo.

Por Eleanor Price

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