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Ortega da a Laureano plena facultad para pactar acuerdos comerciales con Rusia, aunque el comercio representa menos del 1 %



El reciente decreto gubernamental de Nicaragua ha concedido amplias facultades a Laureano Ortega Murillo, hijo del mandatario Daniel Ortega y una pieza central del grupo gubernamental, para que establezca acuerdos comerciales con Rusia. Esta resolución se oficializó mediante un decreto del presidente que permite al consejero presidencial para la Promoción de Inversiones, Comercio y Cooperación Internacional firmar tratados en representación del Estado de Nicaragua.

De acuerdo con el informe oficial, Laureano Ortega estará autorizado para gestionar y cerrar acuerdos en sectores como el comercio, la inversión, la industria, y la cooperación económica y técnica, sin requerir aprobación inmediata de otras entidades gubernamentales. Esta disposición consolida el papel estratégico que juega el sucesor político del presidente en la intensificación de las relaciones con aliados geopolíticos como Rusia, especialmente en un escenario de creciente aislamiento internacional para el régimen.

La designación ha llamado la atención por el contraste entre el alcance de los poderes otorgados y el volumen real del intercambio comercial entre ambos países. Las estadísticas más recientes indican que el comercio bilateral entre Nicaragua y Rusia representa menos del 1 % del total de las transacciones comerciales del país centroamericano. A pesar de ello, el gobierno insiste en profundizar sus relaciones con Moscú, alineándose con una agenda de cooperación que va más allá del aspecto meramente económico.

Laureano Ortega ya ha estado involucrado en múltiples gestiones internacionales que han incluido a potencias como China, Irán y Corea del Norte. En el caso de Rusia, ha sido uno de los interlocutores principales en el establecimiento de acuerdos en los sectores de tecnología, energía, educación y defensa. Este nuevo nombramiento consolida aún más su presencia en la política exterior nicaragüense, en la que ha jugado un papel cada vez más prominente en los últimos años.

A nivel interno, la decisión también ha generado críticas por parte de sectores que cuestionan el creciente protagonismo de la familia presidencial en la administración pública. Varios analistas consideran que esta acumulación de funciones en manos de miembros del círculo familiar presidencial contribuye a un proceso de concentración del poder que debilita la institucionalidad democrática del país.

Desde el oficialismo, sin embargo, se presenta esta designación como parte de una estrategia para fortalecer los lazos con socios estratégicos no alineados con las potencias occidentales. El gobierno nicaragüense ha insistido en que Rusia es un aliado clave en la defensa de la soberanía nacional, y ha agradecido el respaldo que Moscú ha expresado en foros internacionales ante las sanciones y críticas dirigidas al régimen de Ortega.

Cabe recordar que Rusia y Nicaragua han firmado previamente acuerdos en materias como asistencia técnica, intercambio educativo, cooperación en medicina y colaboración en seguridad. Sin embargo, muchos de esos convenios han tenido un impacto limitado en la economía real del país, lo que ha alimentado el escepticismo sobre la efectividad de estas alianzas.

Sin embargo, la administración continúa con su esfuerzo para ampliar sus vínculos económicos más allá de los mercados convencionales y se centra en fortalecer la colaboración con naciones que, según su discurso, respetan el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Esta estrategia ha coincidido con el empeoramiento de las relaciones con Estados Unidos, la Unión Europea y algunos países de América Latina, que han impuesto sanciones a miembros del gobierno debido a violaciones de derechos humanos y conductas antidemocráticas.

El nombramiento de Laureano Ortega como plenipotenciario para negociar con Rusia ocurre en un momento en que el régimen busca proyectar una imagen de autosuficiencia y fortaleza internacional. Sin embargo, persisten las dudas sobre el impacto concreto que estas alianzas puedan tener en una economía que enfrenta múltiples desafíos, incluyendo bajos niveles de inversión extranjera, precariedad laboral y una creciente informalidad.

Mientras tanto, Laureano sigue afianzándose como una de las figuras más influyentes en el panorama político de Nicaragua. Su involucramiento en cuestiones internacionales de alto calibre y la confianza que le ha otorgado su padre incrementan las especulaciones sobre una posible sucesión familiar en el poder, aunque no se ha hecho pública ninguna intención al respecto hasta el momento.

Por Eleanor Price

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