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El fenómeno de El Niño y su efecto en la cadena de suministro panameña



La combinación entre un fenómeno de El Niño excepcionalmente intenso, menores reservas de agua y una demanda marítima creciente vuelve a presionar al Canal de Panamá, con posibles consecuencias para las cadenas de suministro y los precios que pagan los consumidores.

El Canal de Panamá atraviesa de nuevo una fase compleja. Conforme crece la demanda por este corredor estratégico y mengua el recurso hídrico en su cuenca, los responsables se alistan para modificar el paso de naves, al tiempo que las empresas de transporte marítimo lidian con mayores gastos y demoras prolongadas.

La situación adquiere una dimensión adicional por la llegada de un fenómeno de El Niño que podría alcanzar una intensidad extraordinaria. Para una infraestructura que depende directamente del agua dulce para operar sus esclusas, cualquier alteración significativa del régimen de lluvias puede convertirse en un problema logístico con repercusiones mucho más allá de las fronteras panameñas.

El canal es una de las principales vías del comercio internacional. Por sus aproximadamente 80 kilómetros circula cerca del 5 % del transporte marítimo mundial y Estados Unidos representa uno de sus principales usuarios. Por ello, una reducción de su capacidad puede afectar desde los costos de transporte hasta la disponibilidad y el precio final de determinados productos.

El agua vuelve a ser el principal desafío para el Canal de Panamá

El funcionamiento del Canal de Panamá depende de un sistema de esclusas que utiliza agua dulce para elevar y descender los barcos durante su recorrido. Una parte esencial de ese recurso procede del lago Gatún, cuya capacidad para abastecer las operaciones está estrechamente vinculada con las precipitaciones registradas en la cuenca.

El problema quedó especialmente expuesto durante las condiciones de sequía asociadas con El Niño en 2023 y 2024. En aquel periodo, los niveles del lago descendieron de manera considerable y la Autoridad del Canal de Panamá tuvo que limitar el número de embarcaciones que podían atravesar diariamente la vía.

Ahora, las autoridades vuelven a vigilar con atención los indicadores meteorológicos. La temporada lluviosa comenzó en mayo y, pese a que se prolongará hasta finales de año, las precipitaciones acumuladas en la cuenca del canal se encuentran por debajo de los registros históricos.

La situación adquiere notable relevancia debido a que los pronósticos señalan que El Niño podría registrar su máxima intensidad en el periodo comprendido entre octubre y diciembre. Dicho fenómeno altera los ciclos climáticos en diversas áreas del globo terráqueo y es capaz de generar escenarios con menor humedad de lo acostumbrado, justamente en territorios donde el recurso hídrico es fundamental para ciertos sectores productivos.

En Panamá, los registros recientes ya muestran señales de presión. La Ciudad de Panamá ha acumulado una cantidad de lluvia inferior a su promedio habitual desde el inicio de mayo, mientras que otras regiones del país presentan déficits todavía mayores.

Para el canal, menores precipitaciones se traducen en una reducción del recurso hídrico disponible para las maniobras. Por tal motivo, la gerencia emplea como uno de sus instrumentos primordiales la modificación de los parámetros que regulan el tránsito de las embarcaciones.

Una de las disposiciones más relevantes se vincula con el calado, término que alude a la profundidad alcanzada por la sección sumergida de una embarcación. Ante descensos en el nivel de los lagos, resulta imperativo fijar restricciones con el propósito de impedir que los barcos naveguen bajo circunstancias capaces de poner en riesgo tanto la seguridad como la eficiencia de la ruta.

Una disminución en el calado también implica que ciertos barcos se vean obligados a llevar una carga menor. Comercialmente hablando, esta situación significa que una nave quizás deba efectuar un mayor número de trayectos para trasladar idéntico volumen de productos, o bien que las compañías deban explorar soluciones alternas con el fin de despachar sus mercancías.

Menos tránsitos y subastas más caras presionan al transporte marítimo

Las consecuencias del déficit hídrico van más allá de los aspectos técnicos de la navegación, ya que también repercuten de manera directa en el volumen diario de embarcaciones que cruzan el canal.

Las autoridades panameñas han comunicado modificaciones en la cantidad de cruces diarios programados para el mes de septiembre. A pesar de que dichas limitaciones resultan más suaves en comparación con las implementadas en la etapa crítica de 2023 y 2024, los expertos alertan acerca de un posible incremento en los períodos de espera en caso de que el flujo de demanda siga en ascenso.

En los meses recientes, los problemas en otras arterias marítimas clave han incrementado la carga sobre la infraestructura. Ciertos operadores han optado por buscar rutas alternas debido a los conflictos en el estrecho de Ormuz, elevando así la demanda y el atractivo del Canal de Panamá.

Cuando aumenta el número de barcos que necesitan atravesar una vía cuya capacidad es limitada, las empresas están dispuestas a pagar más para garantizar un espacio.

El canal dispone de un sistema de reservas que brinda a las embarcaciones la posibilidad de garantizar un turno de paso con antelación. Asimismo, para aquellas naves que carecen de reserva, se habilitan cupos que se asignan por medio de subastas.

La diferencia de precios puede ser considerable. En periodos de presión extraordinaria, algunas empresas han llegado a pagar cientos de miles de dólares por un espacio y, en un caso especialmente llamativo, una compañía desembolsó alrededor de US$4 millones para acelerar el tránsito de un portacontenedores.

Para las navieras, estos pagos pueden resultar difíciles de evitar cuando transportan productos cuya entrega no puede retrasarse demasiado. Un barco que permanece varios días esperando también genera gastos adicionales de combustible, tripulación, almacenamiento y utilización de equipos portuarios.

Los gastos más elevados acaban reflejándose en las tarifas de transporte y, según el tipo de mercancía y la situación del mercado, es posible que se transfieran paulatinamente a importadores, distribuidores, compañías y compradores finales.

Una de las principales navieras internacionales ya ha anunciado incrementos en sus recargos vinculados con el tránsito por el Canal de Panamá. La reducción del calado disponible disminuye la capacidad de carga de determinados buques, por lo que las empresas deben compensar parte del impacto económico.

El problema puede ser especialmente relevante para las mercancías procedentes de Asia con destino a la costa este y la costa del Golfo de Estados Unidos. Estas rutas dependen en buena medida de la conexión interoceánica que ofrece el canal.

Artículos susceptibles de sufrir los efectos del atasco en la cadena de suministro

No todos los artículos se verán afectados con igual fuerza. Los productos de menor valor o aquellos capaces de aguardar semanas en los depósitos cuentan con más opciones de tolerar una demora sin provocar gastos imprevistos.

La tesitura cambia radicalmente tratándose de productos perecederos, bienes asociados a épocas concretas del año o mercancías cuya cotización está sujeta a la inmediatez del envío.

El sector farmacéutico destaca como una de las áreas que demandan un cuidado especial. Cierta porción de los compuestos empleados en la producción de fármacos proviene de Asia, y ciertos abastecimientos pueden quedar supeditados a vías marítimas que cruzan el canal con destino a la costa este de Estados Unidos.

Una interrupción prolongada no necesariamente significa que los medicamentos vayan a desaparecer de las tiendas. Sin embargo, cualquier alteración en una cadena de suministro tan compleja puede aumentar los costos y dificultar la planificación de inventarios.

También existen riesgos para las compañías de comercio electrónico y los minoristas que trabajan con plazos de entrega ajustados. Cuando una empresa promete al consumidor una fecha concreta, retrasar el transporte puede generar costos adicionales o incluso afectar sus ventas.

Los artículos vinculados al sector de la moda constituyen otro caso ilustrativo. Las líneas estacionales disponen de un margen de comercialización acotado. Demorarse unas cuantas semanas puede provocar que los artículos aterricen en el mercado una vez concluido su pico de máxima popularidad.

Por eso, algunas empresas pueden decidir pagar tarifas de transporte más elevadas para garantizar que sus productos lleguen a tiempo.

La presión tampoco se queda exclusivamente en el transporte marítimo. Cuando una ruta pierde capacidad, las compañías buscan alternativas y trasladan mercancías a otros puertos.

El desvío hacia Estados Unidos puede generar un efecto dominó

Una de las opciones implica recurrir a terminales marítimas del litoral oeste norteamericano y, en una fase posterior, trasladar los productos mediante camiones o trenes hacia distintos puntos del territorio nacional.

A primera vista, esta estrategia puede parecer una solución sencilla. Sin embargo, una desviación masiva de carga genera presión sobre las infraestructuras terrestres.

Si numerosos importadores cambian simultáneamente sus rutas, aumenta la demanda de camiones, trenes, centros de almacenamiento y servicios logísticos en los puertos que reciben el volumen adicional.

La capacidad disponible puede agotarse rápidamente y los precios del transporte terrestre comienzan a subir. De esta manera, un producto que ni siquiera utilizó el Canal de Panamá puede terminar enfrentando costos derivados indirectamente de los problemas de la vía interoceánica.

Empresas de logística ya han identificado cambios en los patrones de transporte. Algunos importadores están optando por puertos de California, como Los Ángeles y Long Beach, en lugar de mantener sus rutas habituales hacia la costa este o Texas.

La prioridad, en determinados casos, ha dejado de ser encontrar la alternativa más económica y pasó a ser asegurar que la mercancía llegue dentro del plazo previsto.

Este cambio de estrategia puede generar un efecto dominó. Un mayor volumen en los puertos del oeste incrementa la demanda de transporte ferroviario y por carretera, mientras que la falta de capacidad disponible eleva las tarifas.

El resultado es una cadena de costos que comienza con una restricción hídrica en Panamá y termina afectando operaciones logísticas a miles de kilómetros de distancia.

La actividad energética suma una nueva fuente de presión

El contexto internacional también complica el panorama. Las tensiones relacionadas con el estrecho de Ormuz han afectado los mercados energéticos y han aumentado la importancia de las rutas alternativas para determinados cargamentos.

Aunque una porción importante de las compras externas de energía en Estados Unidos prescinde del Canal de Panamá, la infraestructura conserva notable importancia para ciertos envíos de hidrocarburos y combustibles originados en territorio estadounidense con destino a los mercados de Asia.

Si el transporte de petróleo crudo y combustibles refinados tropieza al mismo tiempo con obstáculos en diversos enclaves clave, los compradores corren el riesgo de tener que absorber tarifas más elevadas.

El encarecimiento de la energía genera consecuencias que rebasan con creces los límites de las estaciones de servicio. El combustible resulta indispensable en prácticamente cualquier cadena productiva y logística, abarcando desde la elaboración de mercancías hasta su traslado y reparto.

Por esta razón, una mezcla de tarifas energéticas más elevadas y un transporte marítimo encarecido podría ejercer una mayor presión inflacionaria.

Para Estados Unidos, la importancia del Canal de Panamá ha aumentado en los últimos meses debido a los cambios registrados en las rutas comerciales y energéticas. Una proporción significativa del tráfico de contenedores relacionado con el país utiliza esta vía para conectar diferentes mercados.

Si el canal tuviera que recortar otra vez su capacidad a cifras comparables con las vistas en la anterior escasez de agua, las consecuencias podrían rebasar el ámbito del transporte marítimo.

Los bienes de consumo, los productos agrícolas, los componentes electrónicos y otros artículos podrían experimentar incrementos de costos si las empresas deben recurrir a rutas alternativas.

Panamá busca soluciones para enfrentar futuras sequías

La coyuntura actual también ha visibilizado un desafío de carácter permanente: de qué manera asegurar el caudal requerido para sostener las labores de la vía acuática sin afectar el abastecimiento reservado para los habitantes.

La propia fuente hídrica que facilita la navegación de embarcaciones por el istmo desempeña un rol fundamental para los poblados aledaños. Un gran número de habitantes se sustenta gracias a la red hídrica vinculada a la cuenca del canal, transformando la administración de este bien en un reto que trasciende con creces el ámbito de la navegación.

Una de las principales iniciativas para aumentar la seguridad hídrica es el proyecto del embalse de Río Indio. La propuesta contempla crear una nueva reserva de agua que permita incrementar la capacidad de almacenamiento y ofrecer mayor respaldo durante los periodos de sequía.

Sin embargo, el proyecto todavía se encuentra en una etapa inicial y requiere superar diferentes procesos antes de que pueda convertirse en una solución operativa.

La Autoridad del Canal también analiza diversas opciones orientadas a aliviar la congestión en la ruta por medio de nuevas obras. Dentro de estas iniciativas destaca la creación de un gasoducto destinado al traslado de gas licuado de petróleo, una medida que recortaría notablemente la frecuencia con la que ciertos barcos específicos deben emplear las esclusas.

Estas iniciativas reflejan un cambio de perspectiva. El desafío no consiste únicamente en responder a una temporada seca, sino en preparar la infraestructura para un escenario climático en el que los periodos de escasez de agua puedan ser más frecuentes o intensos.

Un desafío que combina clima, comercio y geopolítica

El Canal de Panamá atraviesa un escenario intrincado debido a la concurrencia simultánea de diversos elementos. Por un lado, los recursos hídricos sufren severas restricciones; por otro, el flujo de barcos continúa en niveles altos, mientras que los roces geopolíticos transforman los trayectos globales.

El Niño podría perfilarse como el elemento clave que defina la magnitud del problema en el transcurso de los siguientes meses. En caso de que las precipitaciones no alcancen los valores habituales, los responsables de la vía acuática tal vez se vean en la necesidad de conservar o incrementar las limitaciones.

Para las compañías navieras, esto se traduce en planificar con mayor margen de tiempo. Para los importadores, implica valorar trayectos alternativos y asumir eventuales subidas de tarifas. Y para los consumidores, cabe la posibilidad de que una fracción de dichas tensiones acabe repercutiendo en el coste de los artículos.

Paradójicamente, el crecimiento del tráfico igualmente es capaz de brindar una ventaja financiera a Panamá. Un incremento en la demanda de tránsito produce entradas económicas extra para el canal y tiene la capacidad de aportar fondos para solventar las inversiones indispensables en materia de infraestructura hídrica.

El reto consistirá en capitalizar dichos ingresos al tiempo que se asegura que la carretera siga operando de manera segura y sostenible.

El futuro inmediato dependerá en buena medida de la evolución de las lluvias y de la intensidad que alcance El Niño. Pero la situación ya deja una conclusión clara: el agua se ha convertido en uno de los factores estratégicos más importantes para el futuro del Canal de Panamá y, debido a su papel en el comercio mundial, sus efectos pueden sentirse mucho más lejos de Centroamérica.

Para las empresas y los consumidores, el problema no se reduce a cuánto tarda un barco en atravesar el istmo. Se trata de cómo una restricción localizada puede propagarse por puertos, carreteras, ferrocarriles, cadenas de suministro y mercados internacionales hasta convertirse en un aumento generalizado de costos.

Por Eleanor Price

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